Este verano, después de mucho tiempo separados, me fui con mis padres y mi hermana de vacaciones a Túnez. Decidimos hacer un tour por todo el País y finalizar cuatro días en la playa de Hammamet.
Comenzamos en Túnez capital, llegamos al aeropuerto a las nueve y media de la noche y estábamos mueeeertos de hambre. En el hotel “El Mouradi” esperábamos una cena como recibimiento, pero en su lugar nos dieron una copa de “zumo” de naranja. Cansados, repasamos los billetes y las monedas tunecinas sobre la cama y nos acostamos con gusto ya que al día siguiente nos teníamos que levantar a las cinco de la mañana.
Nos recogió un autobús, y nos presentaron al guía que nos iba a acompañar durante todo el tour. Se llamaba Salim. El conductor, Kalif.
La primera parada fue en Kairuan. Nos explicó que era la cuarta ciudad santa más importante del mundo árabe después de La Meca, Medina y Jerusalén. Es la ciudad religiosa del norte de África. La gran mezquita del siglo IX está en el centro de la ciudad y toda ella está amurallada, fuera de las murallas hay cultivos de olivo y cereales.Después nos dirigimos al mausoleo del Barbero. Cuenta la leyenda que éste era amigo íntimo de Mahoma, y por ello, se hizo una herida en el brazo para meterse dentro de su cuerpo tres pelos del profeta, simbolizando la eterna admiración que sentía por él.
Posteriormente nos dirigimos a La Medina de la cuidad donde encontramos el típico mercado tunecino, y por supuesto, compramos algo (unos yembés de madera de olivo y piel de camello para la habitación).
Al finalizar la visita cogimos el autobús y nos pusimos rumbo a Tozeur, ciudad situada en el desierto del Sahara. Antes de llegar a nuestro destino hicimos una parada a la entrada del desierto, la cual venía indicada con dos camellos formando una puerta. Tuvimos que soportar 40 grados de calor seco, pero mereció la pena
A todo esto, las distancias eran larguísimas, ese día nos hicimos siete horas de autobús, ya que recorrimos el país de norte a sur.
Cuando llegamos a Tozeur, visitamos el palmeral y junto a él se encontraba el hotel, donde nos
recuperamos del viaje con un baño en la piscina. Era impresionante pensar que estabas en pleno desierto, frente a un palmeral, y tú, bañándote dentro de una piscina.
Cuando llegamos a la habitación, caímos redondos, mi hermana y yo ese día tuvimos un cansancio delirante jejeje.
Al día siguiente, quedamos con el guía a las seis de la mañanita, para adentrarnos en el desierto en un 4x4. Primero pasamos por un Oasis de montaña, Chebika. En él nos esperaba otro guía, el cuál llamaba a todas las mujeres “gacelitas” y a los hombres “habibis” (que significa cariño en árabe).
Después paramos en Tamerza, donde había una cascada de agua de manantial de dos o tres metros de altura de la que caía el agua con mucha fuerza. Nos bañamos. Después nos tomamos un té con almendras que nos refrescó también por dentro.
Volvimos a coger el 4x4 y empezamos a recorrer el desierto, con un conductor que se lo conocía como la palma de su mano. Por ello, durante una hora nos sorprendió con un increíble recorrido que incluyó varios saltos a dunas, además de mareos por mi parte. Fue alucinante pero lo pasé realmente mal, el coche no paraba de dar tumbos, sentía adrenalina pero a la vez una angustia constante en el estómago…Después de esta experiencia llegamos al lugar donde se rodó Star Wars.
El escenario estaba en una llanura rodeado por dunas de por lo menos 15 metros de altura, y para meternos miedo el conductor dejó el todoterreno en plena pendiente. Dominaban tanto el terreno que fueron capaces de dejar el coche en esa posición sin luego verse obligados a desenterrar las ruedas jaja.
Para terminar el día nos llevó a ver el palmeral de Nefta. En este pueblo sus habitantes habían logrado construir una piscina con agua natural, lo cual aportaba diversión y una oportunidad para refrescarse a los niños y niñas del pueblo.
El tercer día de nuestro viaje, como no, comenzó cogiendo el autobús. Nos pusimos rumbo al lago salado el cual estaba en medio del desierto. En él podías encontrar charcos de agua de diferentes colores, dependiendo de su concentración en cloro y sal. Se podían ver azules, verdes, rosas, malvas… que contrastaban con el luminoso blanco que abundaba en la mayor parte del lago.
En medio de la carretera nos encontramos con unos pequeños puestecillos donde vendían las famosas rosas del desierto, pero en este caso de colores. Entramos en su casa, donde tenían dos pequeños fenecos (zorros del desierto) de dos meses de vida. Nos dejaron cogerlos y jugar con ellos pero también, he de decir, que su olor nos echaba para atrás.

Al poco rato iniciamos de nuevo la marcha rumbo a Douza, donde nos encontramos con un mercado. Era un mercado similar a nuestros mercadillos, pero con muchísima más gente vendiendo de todo. Una de las cosas que nos sorprendió era el griterío que había, y al final nos encontramos con un mercado de ganado: gallinas, cabras, camellos, burros, caballos, ovejas… Continuamente veíamos los carros de los tunecinos yéndose cargados. Como veis, tuvimos que cubrirnos los hombros y las piernas si llevabas un pantalón muy corto con pañuelos para poder visitar a gusto el mercado.
Ésta noche era una de las más esperadas, ya que íbamos a asistir a una tradicional cena bereber. Nos vestimos con chilaba y turbante y nos recibieron en un recinto de arena con música bereber: tres tambores y una especie de trompeta tocados por cuatro hombres y una danzarina que bailaba la danza del vientre. Nos ofrecieron una sangría y bailamos todos juntos. Después nos sorprendieron con un baile con camellos.
Al día siguiente tocaba montar en camello. A las siete de la mañana, vestidos con otra chilaba de rallas y turbante iniciamos el paseo que duró una hora. Fue muy tranquilo y agradable gracias al vientecillo de la mañana.
Cuando acabamos, nos montamos mi hermana y yo en un quad e hicimos un recorrido por las dunas, ¡fue geniaaaaaaaaaal!
Para terminar, paramos en un pueblo bereber, donde había una enorme montaña de arena. Con los niños que vivían allí echamos una carrera hasta la cima. Cuando llegué arriba me encontré mareadísima por el esfuerzo, pero sobre todo por el calor. Mientras que para nosotros era un gran esfuerzo, para los niños era uno de sus juegos más divertidos y al que jugaban diariamente.
A la mañana siguiente, tras una hora y media de viaje, vimos amanecer en el camino, ya que tuvimos que estar en pie a las CUATRO de la mañana. Éste día visitamos Matmata, pueblo troglodita, donde los habitantes realizaban sus propias viviendas en el interior de las montañas. Desde la distancia, parece un paisaje lunar, repleto de agujeros.
Después, pasamos por Djem para visitar el impresionante anfiteatro romano muy bien conservado. En él estaban preparando una actuación de la orquesta sinfónica de Viena.
El último día antes de ir a Hammamet, llegamos a Douga, donde visitamos las impresionantes ruinas romanas absolutamente solos. Vimos el anfiteatro, el templo, el mercado, el foro, las letrinas, el prostíbulo, la ciudad…
Visitamos también el museo del Bardo lleno de mosaicos romanos de hasta diez metros cuadrados. Era impresionante su conservación, sus colores y las historias que se representaban en ellos.
Comimos en ruta y llegamos a Cartago. Visitamos un cementerio lleno de símbolos y tumbas de niños. Sobre él hay varias opiniones, unos dicen que los fenicios sacrificaban a su hijo/a primogénito y se lo ofrecían a los dioses, otros opinan que tan solo eran niños que morían y que los romanos difundieron el rumor para hacer ver que los fenicios eran unos bárbaros.
También estuvimos en las ruinas de Las Termas de Antonino. En ellas se conserva tan solo la primera planta pero el dibujo de cómo debían ser te hacía ver lo enormes que eran. Las termas o baños tenían varias fases cuyo orden tenían que seguir.
Por último, recorrimos el pueblo más típico de Túnez: Sidi Bou Said. Pueblo blanco y azul situado en una colina frente al mar. En él hicimos algunas compras y nos refrescamos tomando un té con hierbabuena. Tras esta visita finalizó nuestro recorrido por el País… ¡pero nos esperaban cuatro días en la playa de Hammamet!
Estos cuatro y últimos días fueron de playa, piscina, sol, comidas, participación en la animación de la playa, charletas, aperitivos… y visitas todas las tardes a la preciosa medina de Hammamet.
Faltan muchas cosas por contar: sus comidas, su gente, costumbres, cambios tras la revuelta del jazmín... ¡y muchas anécdotas!
¡Túnez ha resultado un destino muuuuuuuy aconsejable!