Cuando me propusieron irme un año a vivir al extranjero no me lo podía creer.
Recuerdo que me lo dijeron en las vacaciones del verano de 2010, en Asturias.
Unos amigos de mis padres, Cora y Luismi, y Ana, su hija, también amiga mía desde que somos pequeñinas, se fueron de vacaciones por el norte y nos hicieron una visitilla a nosotros. Ellos viven en París desde hace cinco años porque a Luismi le hicieron corresponsal de Radio Nacional, pero ellos son españoles y hablan español, claro. Estábamos cenando en la Sidrería "Xagarda" cuando Cora, de repente me dijo que no estaría mal que me fuera con ellos un añito a vivir a París, de experiencia, de locura. Me quedé perpleja porque a mí ni se me había pasado por la cabeza.
Automáticamente miré a mis padres y ellos me sonrieron. Me dijeron que ésta era una oportunidad de las que no hay que dejar escapar, pero que yo tenía que estar segura y que tenía tiempo para pensármelo.
Todo fue muy rápido y yo no entendía nada porque me lo dijeron con tanta tranquilidad que parecía un chiste.
Llegué a casa con Ana y ella me volvió a sacar el tema… y después de meditarlo durante un mes dije que me iría con ellos.
Tenía la suerte de que iba con gente que manejaba y controlaba los hilos y el idioma (muy importante) de allí y no iba sola. Recuerdo que salimos de Oviedo el día 1 yo, Ana, Cora y Luismi en coche rumbo París, y madre mía menudo viajecito… trece o catorce horas de viaje… y el maletero estaba hasta arriba. Nosotras, Ana y yo, íbamos en la parte de atrás del coche cubiertas de toallas de playa porque no cabían en el maletero… pero pese a las muchas horas que duró… ¡fue muy entretenido! Cuando por fin llegamos a nuestro destino comenzamos a descargar el coche y cubrimos todo el portal de bolsas, maletas, neceseres, cosillas sueltas que no cabían en ningún lado… hasta le hicimos una foto porque aquello era un cuadro, claro, no eran unas vacaciones… ¡íbamos a quedarnos por mucho tiempo! Menos mal que a esa horas de la noche la portera ya estaba más que dormida porque si no, ahora, conociéndola algún pollo nos habría montado.
Yo ya conocía la casa porque en los cinco años que llevaban allí en algunas vacaciones habíamos ido de visita. Entonces al subir por las escaleras y llegar a la casa me sentí bien, porque ya conocía aquello. Vivía en la calle Raymond Poincaré, estaba cerquísima de trocadero y del Arco del triunfo la casa era increíble y la zona preciosa…
Los nervios no me quitaron el sueño aquella noche, ya que estaba muerta del pedazo de viaje que nos habíamos pegado en coche.
Nos levantamos a la mañana siguiente y me pareció que los tres estaban muy atentos de mi estado y de cómo me encontraría, yo creo que estaba un poco en estado de shock y recuerdo que quedaban dos días para que comenzara el curso y mis padres se cogieron un vuelo en avión para llevarme más cosas de aquí como por ejemplo mis sábanas, objetos de mi casa y fotos suyas para sentirme más como en casa. Ellos se fueron al día siguiente y recuerdo que esos dos días se me hicieron tan largos como un mes. A mí solo me apetecía hablar con las amigas de aquí de como me sentía porque los primeros días no paraba de llorar como una enana jajaja. Estuve paseando con Ana. Aún hacía calorcito y era agradable. Estuvimos rondando por varios rinconcitos de París que para ella son sus preferidos y también nos quedábamos en casa tranquilas donde ella me entretenía y repetía una y otra vez lo bonito que iba a ser el año que venía… y cuánta razón tenía….


Llegó el día 4, el día que teníamos que ir al instituto (digo teníamos en plural porque Ana venía conmigo al mismo curso y al mismo instituto) y yo estaba muy nerviosa, tanto, tanto que en mi cabeza estaba presente el arrepentimiento de haber ido a Francia.
Cuando llegamos al instituto entramos en nuestra clase y todos nos miraron, como no, llegábamos tarde.
Yo no conocía a nadie claro, Ana sí ya que alguna gente del año pasado seguía en el liceo, otra ya se había ido porque allí hay gente que se queda para un año o dos y luego se va y así a cada sitio que va.
La profesora que estaba en la pizarra era la que iba a ser mi tutora: Remedios. Ella era española y de Madrid, la mayoría de los profesores lo eran, no me preguntes por qué.
Nos sentamos, separadas, y me tocó con una chica que se llama Lucía. Ella se sentó con “Guti” una chica a la que ya conocía desde que llegó.
Tuvimos que presentarnos uno a uno y decir de donde éramos, dónde habíamos vivido, porque estábamos aquí y contar un poquito nuestra situación. Me sorprendió mucho porque ¡la clase estaba llena de gente de todos los lugares! Había gente de México, Argentina, España (Pamplona, Segovia, Madrid, Andalucía, Salamanca…), California, África….
La verdad eso me encantó.
El primer mes fue difícil y echaba mucho de menos a mi familia pero fueron pasando las semanas y empecé a cogerle muchísimo cariño a todo aquello.
Llego Octubre y conocí a Kevin. Kevin y yo estábamos viviendo casi lo mismo. La diferencia que él estaba allí con su madre y su padre estaba en España.
¿Qué os voy a contar de él? Que le conocí en Octubre allí y aún sigo disfrutando de él cuando podemos vernos y cuando no, también. Él nació allí y estuvo viviendo hasta los 8 años, luego se fue a Málaga hasta el curso pasado que volvió a Francia. Ahora sigue allí, hasta dentro de dos años que volverá, según él dice...
Conocí a gente increíble, gente que ya no está conmigo pero que recuerdo muchas veces. Salir a tomar una crepe unos pocos al barrio latino era mejor que cualquier fiesta, nos lo pasábamos muy bien. Son gente que conoces y que nunca vas a olvidar, por las experiencias que habéis vivido juntos y por lo sorprendente que es conocer a tanta variedad de personalidades, son cosas que les hacen únicos a cada uno de ellos.
Los meses transcurrían rapidísimo y cada mes y medio venía a Madrid unos quince días. Las
primeras vacaciones fueron en Octubre, y vine encantada, en Diciembre fueron otras y también estaba encantada, pero en febrero hubo otras en abril otras… y entonces comenzaba a sentir que tenia el corazón dividido, me apetecía venir a Madrid, pero también quería quedarme..., porque ya no veía tan lejos el final del curso, ya sabía que eso se acabaría y ¡quería aprovecharlo!
Aún así, mis padres querían verme todo lo posible así que yo venía cada mes y medio.
Solo decir que recomiendo a todo el mundo una experiencia como ésta, tanto de irte fuera del País a estudiar,tanto como a trabajar dentro de unos añitos...a lo que sea, ¡el caso es salir!
Al principio es complicado pero enseguida uno se acostumbra y cuando vuelve a su casa llega lleno de sensaciones y experiencias nuevas... ¡y eso siempre es positivo!
No tengáis miedo de dejar a la gente de aquí, a los amigos y la familia se les echa mucho de menos pero un año pasa muy rápido y hay que aprovechar cada oportunidad.
Y bueno...también recomiendo que visiten París si no lo han visitado ya... tiene rincones preciosos y la cuidad en sí es maravillosa.